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(Lucas 6, 37-38) «Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman»

Evangelio según san Lucas 6, 37-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida conque midan, serán medidos».


Santa Isabel de Hungría 

Santa Isabel de Hungría fue «una de las mujeres de la Edad Media que suscitó mayor admiración», por su piedad y su humildad, así como por su entrega a los pobres, a pesar de proceder de una rica y poderosa familia real.

Ya desde niña, fue comprometida con Ludovico, hijo del landgrave de Turingia, a quien le unió un amor sincero. Sin embargo, Isabel no se dejó llevar por el ambiente de la corte. Una vez, entrando en la iglesia en la fiesta de la Asunciónse quitó la corona, la depositó ante la cruz y permaneció postrada en el suelo con el rostro cubierto. Cuando una monja la desaprobó por ese gesto, ella respondió: «¿Cómo puedo yo, criatura miserable, seguir llevando una corona de dignidad terrena, cuando veo a mi Rey Jesucristo coronado de espinas?».

Esta coherencia de fe y vida de Santa Isabel de Hungría se manifestaba también en la relación con sus súbditos, evitando utilizar su posición para conseguir favores. «un verdadero ejemplo para todos aquellos que desempeñan cargos: el ejercicio de la autoridad, a todo nivel, debe vivirse como servicio a la justicia y a la caridad, en la búsqueda constante del bien común».

Ella en persona atendía a los pobres de su reino, algo que su marido admiraba. Tuvo un matrimonio feliz, «un claro testimonio de cómo la fe y el amor hacia Dios y hacia el prójimo refuerzan y hacen aún más profunda la unión matrimonial».

Isabel y su esposo conocieron y apoyaron a los Frailes Menores. Posteriormente, cuando ella enviudó y fue despojada de sus bienes por la envidia de un familiar, hizo voto de pobreza en el espíritu franciscano. La princesa dedicó sus últimos años de vida a construir y trabajar en un hospital para los pobres, donde «intentaba siempre llevar a cabo los servicios más humildes y los trabajos repugnantes».

Santa Isabel de Hungría se convirtió en lo que podríamos llamar una mujer consagrada en medio del mundo. «No es casualidad que sea patrona de la Orden Terciaria Regular de san Francisco y de la Orden Franciscana Seglar».

Falleció tras unas fiebres, y era tal su fama de santidad, que el papa Gregorio IX la proclamó santa apenas cuatro años mas tarde. Santa Isabel de Hungria nos invita a redescubrir a Cristo, a amarlo, a tener fe y así a encontrar la verdadera justicia y el amor, como también la alegría de que un día estaremos inmersos en el amor divino, en el gozo de la eternidad con Dios..

Benedicto XV

Padre Miguel Martínez

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido principalmente la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido principalmente la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.