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En esta última clase estudiaremos los fines de la misa, los frutos y cómo se aplican esos frutos en la Santa Misa: Adorar, agradecer, pedir perdón y favores de Dios.

La misa perdona nuestros pecados ya que en las mismas palabras de la institución nosotros encontramos eso: “Esta es mi sangre que será derramada por la remisión de los pecados” (Mt. 26, 28). Luego la misa, en su esencia, en su mismo fundamento está para alcanzarnos el perdón de los pecados.

En esta última clase estudiaremos los fines de la misa, los frutos y cómo se aplican esos frutos en la Santa Misa. Estos fines podemos dividirlo en cuatro:

  1. Adorar a Dios reconociéndolo como Creador y Ser Supremo;
  2. Darle gracias por todos los beneficios recibidos de Él;
  3. Moverlo a personas los pecados con que lo ofendemos;
  4. Pedirle los favores que necesitamos.

A estos cuatro fines los llamaremos con los nombres correspondientes a su contenido, así entonces:

  1. Latréutico, que viene de la palabra Latría o reconocimiento de un ser como el supremo y creador de todo.
  2. Eucarístico, por el cual nosotros damos gracias a Dios por los favores recibidos.
  3. Propiciatorio, por el cual nosotros pedimos a Dios que nos perdone nuestros pecados para aplacar su ira, para poder hacerlo propicio a nosotros.
  4. Impetratorio, por el cual pedimos que Dios nos alcance favores que necesitamos.

Los primeros dos fines se refieren a Dios: adoramos a Dios porque es Dios y le damos gracias porque Él es la causa de todos los bienes. Y los dos siguientes se refieren a nosotros en cuanto que nos alcanza perdón y gracia.

La Misa es sacrificio propiciatorio en un doble sentido: en cuanto perdona el pecado, y en cuanto satisface la pena debida por él. Entonces, si nos preguntáramos ¿Sin Misa Dios no nos perdonará? Respondemos que sí, sin misa Dios no nos perdonaría. ¿Sin la muerte de Cristo en la cruz Dios nos perdonaría nuestros pecados? No, nos perdonaría.

El fin latréutico es el fin principal de la Misa que consiste en dar a Dios la adoración y honra que le son debidas, reconociendo su infinita grandeza y su poder; y nuestra nada y dependencia de Él.

El fin eucarístico consiste en que le damos gracias a Dios por todos los beneficios recibidos, tanto en el orden natural como en el sobrenatural.

La misa perdona nuestros pecados ya que en las mismas palabras de la institución nosotros encontramos eso: “Esta es mi sangre que será derramada por la remisión de los pecados” (Mt. 26, 28). Luego la misa, en su esencia, en su mismo fundamento está para alcanzarnos el perdón de los pecados.

Además, muchos textos de la Escritura nos muestran la virtud purificadora de la sangre de Cristo. Así San Pablo dice: “La sangre de Cristo purifica nuestra conciencia”. Y San Juan: “Cristo es propiciación por nuestros pecados”. Ese Cristo, entregado en la cruz, cuyo sacrificio se renueva de manera incruenta en la Santa Misa es el que se hace propiciatorio para el perdón de nuestros pecados.

Cada falta nuestra tiene una pena, una reparación necesaria y en la Santa Misa, Cristo repara la pena por nosotros.

Con el fin impetratorio, la Misa tiene eficacia para obtenernos gracias y favores porque Cristo, que en ella se inmola, “es siempre escuchado en razón de su dignidad”, como dice San Pablo. (Hebr. 5,7)

Y Cristo nos prometió que lo que pidiéramos en su nombre, nos los concedería y mucho más lo que pidamos en unión a su sacrificio.

El perdón de los pecados, la Misa no nos obtiene de modo directo, como el sacramento de la penitencia; sino que, de modo indirecto, en cuanto a que mueve en nosotros sentimientos de arrepentimientos.

Tampoco nos obtiene el perdón de los pecados de modo infalible sino sólo del como condicional, es decir, si nosotros no le ponemos ningún obstáculo porque Dios no puede forzar nuestra voluntad.

Ahora bien, la pena temporal sí nos lo obtiene directa e infaliblemente, pues no habiendo pecado mortal en el alma, no hay obstáculo que impida la remisión de la pena.

Dios entonces nos perdona la pena temporal en la medida que place a su voluntad, que sin duda está determinada por nuestro grado de fe, contrición y fervor. De modo así que una Misa oída con contrición y fervor perfectos, pueden remitirla por completo.

También la Misa nos obstinen las gracias que le pedimos, de modo directo, pero no infalibles; pues su logro depende de la clase de bienes que le pidamos y de las disposiciones de la persona. Entonces, podemos pedir en la Misa dos clases de bienes: los bienes espirituales y los bienes temporales; éstos podemos pedir para nosotros mismos o para los demás.

En cuanto a los espirituales, la Misa siempre nos alcanza innumerables gracias actuales, con las cuales podemos obtener el perdón, aumento de gracia, fortaleza contra la tentación, etc.

Respecto a los bienes temporales, la Misa puede obtenernos siempre que no sea un obstáculo para nuestra salvación.

Así entonces, los bienes espirituales, como la gracia, el arrepentimiento, la fortaleza, la buena muerte los debemos pedir, en la misa de modo incondicional y con la certeza de obtenerlos en proporción de nuestro fervor, humildad y confianza con que la pidamos. Y los bienes temporales, debemos pedirlos condicionadamente, si son del agrado divino, y no hacerle a Dios cargos si no nos lo concede, porque él sabe mejor que nosotros lo que conviene a nuestra alma.

El fruto de la misa se puede dividir en tres: general, especial y personal.

Entonces, en el fruto general participan todos los fieles vivos y difuntos, pues en nombre de todos la ofrece el sacerdote.

En el fruto especial pertenece a la persona por quien se aplica la Misa, estos son las intenciones de la Misa.

Y el fruto personal, es exclusivo del celebrante porque él se entregó a Jesucristo y recibe una parte especialísima de aquello que él ofreció.

La misa puede aplicarse por todos los fieles, vivos y difuntos; por justos y pecadores a no ser que estén excomulgados

Así entonces, se aplica por los vivos para que si son pecadores se conviertan; y si son justos perseveren y crezcan en la virtud.

Y también por las benditas ánimas del purgatorio para que Cristo les aplique sus méritos, y perdonada la pena de sus pecados, las introduzca en el cielo.

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.