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Los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad universal sobre la creación.

Puntos doctrinales sobre la Realeza Social de Cristo. 

Cristo no sólo debe ser adorado como Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad universal sobre la creación.

 

TERCERA LECCIÓN
El supremo dominio de Jesucristo sobre toda sociedad y nación

CUARTA LECCIÓN
Condiciones y sentido exacto de la realeza de Jesucristo

 

19. ¿Podría usted decirme el segundo artículo del Credo?

«Creo en Jesucristo, Nuestro Señor». Y en el Credo de la Misa se dice: «Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, Dios de Dios, que se encarnó en el seno de la Virgen María, y se hizo hombre por nosotros».

 

20. ¿Existe una relación especial entre la Santísima Humanidad de Jesucristo y el Orden Social establecido en este mundo?

Sin lugar a dudas. El hombre es creado de tal modo que es hecho para la Sociedad. Por su naturaleza y condiciones de existencia es llamado a vivir en Sociedad. Jesucristo se ha hecho hombre para conducir al hombre hacia su Eterna Bienaventuranza. Así pues, el Divino Redentor debe tener una influencia efectiva sobre todas las condiciones entre las cuales debe conducir al hombre hacia su fin; pero el hombre, siendo hecho para la Sociedad, debe tender hacia su fin en tanto que es ser social, esto es, Por medio de la Sociedad para la que ha sido hecho. Esta no puede ser un fin supremo, sino un simple medio. Para ese medio, debe estar santificada y ser santificante. Esto no se obtiene sino por medio de la Santa Humanidad de Cristo y en Cristo. Por esto es evidente que debe existir una relación especial entre la Santa Humanidad de Cristo y el Orden Social establecido en el mundo.

 

21. Pero, ¿por qué hablar de Cristo en particular? ¿Acaso no es Dios? Por consiguiente, ¿no es verdad que ya se le aplica todo lo que se dijo sobre Dios?

Por supuesto, Todo lo que se ha dicho de Dios, se aplica al Verbo Eterno, hecho hombre por nosotros. Jesucristo es Dios; luego toda Sociedad depende de Él con una dependencia suprema y absoluta. Sin embargo, se debe recordar que en Jesucristo sólo hay una persona y dos naturalezas: la Persona del Verbo y las Naturalezas divina y humana. La Persona del Verbo asumió y se unió hipostáticamente a la naturaleza humana. De esta manera, la naturaleza humana de Cristo no subsiste sino en el Verbo; en Jesucristo reviste condiciones del todo especiales.

 

22. ¿Cuáles son las condiciones especiales que posee la Santa Humanidad de Cristo en razón de la dignidad que le creó su unión Hipostática?

Las acciones de Cristo son divinas. Esta consecuencia proviene del hecho que todos los actos se atribuyen a la persona. Como en Jesucristo sólo hay una persona, no dos, todos los actos de la naturaleza humana son atribuidos a la persona divina.

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23. Pero Jesucristo, ¿no es al mismo tiempo Redentor?

Jesucristo es Redentor. Redimió al género humano por su naturaleza humana. En esta naturaleza, El es Mediador entre la Trinidad y el hombre. Para defender los poderes especiales y la misión de la que fue revestido Jesucristo-hombre, no deben perderse de vista las condiciones dadas al Divino Maestro en su calidad de Hombre-Mediador. Es verdadero Dios y es verdadero Hombre. En tanto que Dios no depende de nadie, no tiene nada que recibir de nadie y todo depende de El. En tanto que hombre, todo lo debe recibir de Dios, al igual que toda creatura, pero en condiciones especiales.

 

24. ¿Cuál es la condición fundamental de la Realeza Social de Jesucristo?

La condición esencial de la Realeza Social de Jesucristo es la voluntad formal de la Santísima Trinidad de dar a Jesucristo-Hombre un verdadero y absoluto poder real. No se trata aquí de los Derechos del Verbo de Dios, que son infinitos, sino de los Derechos y Poderes que Dios da a la Santa Humanidad asumida por el Verbo.

 

25. ¿Nos dio a conocer Dios su Voluntad a este respecto?

Sin ninguna duda. En la Encíclica «Quas Primas» el Papa Pío XI nos da dos pruebas que indican la Voluntad divina sobre este tema.

 

26. ¿Cuáles son estas dos pruebas?

El Papa Pío XI expone así la primera prueba: «San Cirilo de Alejandría nos describe acertadamente el fundamento de esta dignidad y de este poder de Nuestro Señor: Posee Cristo el poder supremo sobre toda la creación, no por violencia ni por usurpación, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza. Es decir, la autoridad de Cristo se funda en la admirable unión hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado como Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad universal sobre la creación». Este es el pensamiento del Papa sobre el tema: la unión hipostática de la naturaleza humana con la persona del Verbo, confiere a la naturaleza humana asumida en Jesucristo, una dignidad tal que transciende toda otra dignidad de la que pueda ser revestida una naturaleza humana. No sería admisible ni aceptable que se pudiese poner al lado de la naturaleza humana asumida por el Verbo una dignidad que, en derecho, pudiera reclamar una superioridad sobre Cristo-Hombre. No sería admisible que un Príncipe, una Cámara legislativa, pudieran declararse efectiva y jurídicamente superiores a Aquel que Dios a revestido de la prerrogativa trascendente de la Unión hipostática. Esta es el fundamente primero y esencial del poder real atribuido a Jesucristo».

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27. Exponga el segundo fundamento doctrina de la Verdad enseñada por Pío XI.

Pío XI continúa diciendo: «Por otra parte, ¿hay realidad más dulce y consoladora para el hombre que el pensar que Cristo reina sobre nosotros, no sólo por un derecho de naturaleza, sino además por un derecho de conquista adquirido, esto es, el derecho de redención? Ojalá los hombres olvidadizos recordasen el gran precio con que nos ha rescatado nuestro Salvador: Habéis sido rescatados… no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, ofrecido como cordero sin defecto ni mancha. Ya no somos nuestros, porque Cristo nos ha comprado a precio grande. Nuestros mismos cuerpos son miembros de Cristo». Y este es el pensamiento del Papa. Toda creatura pertenece a Dios. El hombre se había perdido por el pecado y no tenía con qué pagar por él. Jesucristo, Verbo de Dios hecho Hombre, se encargó de pagar El mismo esta deuda con su Sangre divina. A su vez, la Santísima Trinidad le dio en recompensa todo el género humano y toda creatura y le concedió especialmente a Él, el privilegio de formar un solo cuerpo y una sola cosa con todos los hombres que se le uniesen por la gracia».

 

28. ¿Dio a conocer Jesucristo las intenciones de la Santísima Trinidad acerca de su poder real?

Jesucristo, con majestad enteramente divina, ante el mundo entero y ante todos los siglos, declaró:«Todo poder me ha sido dado en el Cielo y sobre la tierra». (S. Mat. 28, 18). Obsérvese que el poder del que habla le ha sido dado, luego obtuvo este poder. En segundo lugar nótese que le ha sido dado todo poder. Luego no existe en la tierra ningún poder que no sea de Cristo. El poder le ha sido dado por la Santísima Trinidad; y por consiguiente el poder de los Reyes, Príncipes y de toda autoridad constituida es Poder de Cristo. Así nos lo explica San Pablo: «Non est potestas nisi a Deo»: «No hay potestad que no venga de Dios» (Rom. 13, t). Este es el origen del poder. Todo poder viene de Dios y no puede venir sino de Él. Todo poder ha sido confiado a Cristo; luego todo poder pasa por Cristo y de El procede.

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29. ¿Se puede deducir de lo dicho que Jesucristo ejerce un verdadero poder sobre toda sociedad?

La respuesta a esta pregunta es totalmente afirmativa. Primeramente, como lo dice el Papa León XIII, la autoridad pertenece esencialmente como cosa propia a toda sociedad. Sin autoridad no puede existir una sociedad. Toda Sociedad se rige por la autoridad. Si se establece una relación entre estas verdades se debe concluir lo siguiente: la autoridad que se halla en una sociedad o en un país determinados proviene de Jesucristo: de Él procede y de Él depende. Luego esta autoridad es necesariamente de una naturaleza tal que debe estar sometida a Cristo. Por el hecho mismo, Jesucristo es el verdadero Rey de las Sociedades, cuya autoridad le pertenece.

 

30. El Papa Pío XI habla también de un poder legislativo, ejecutivo y judicial. ¿Cristo está revestido también de este triple poder?

Por supuesto, ya que no puede comprenderse un poder que no gozase de la prerrogativa de hacer leyes, juzgar y condenar. Este triple poder es una consecuencia necesaria de la autoridad de la que Jesucristo fue revestido por Dios.

 

31. ¿Puede hablarse todavía de otra razón que justifique la Realeza Social de Jesucristo?

Sí; por la naturaleza misma de toda Sociedad, y especialmente de su finalidad, vemos una nueva prueba de la Realeza Social de Jesucristo sobre todo Orden Social.

 

32. ¿No es la autoridad la que establece el fin de la Sociedad?

Sin duda alguna. Reconocer que la autoridad existe en una sociedad es afirmar que esta autoridad debe conducir la sociedad hacia su fin. Este fin está determinado por la unión de las voluntades que tienden a realizarlo. El fin de una sociedad puede considerarse bajo su ángulo especial y propio. Este ángulo especial nunca podrá permitir que se pierda de vista el fin sumo y último. Si de hecho la autoridad tiene por misión el conducir la Sociedad que gobierna hacia su fin, es evidente que la autoridad que procede de Cristo -y no es inútil insistir, toda autoridad procede de El- debe tener por fin último el mismo fin de la vida y muerte de Jesucristo. Es imposible que Jesucristo quisiera delegar a alguien una autoridad sobre la que no conservase su propia autoridad para lograr el fin de su Redención. Del mismo modo, le es imposible renunciar en lo más mínimo a la autoridad sobre los medios que debe emplear la Sociedad para alcanzar su fin, o sobre las voluntades que se han unido en Sociedad.

 

 

P. Phillippe, Catecismo de la Realeza Social de Jesucristo.

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