fbpx
A medida que el rezo del Rosario fue desarrollándose y difundiéndose desde el siglo XIII, cuando la Virgen entregó y enseñó a Santo Domingo de Guzmán esta oración, también llamada como el «salterio de María», hasta nuestros días, el pueblo fiel se dio cuenta de su grandísima eficacia como oración de petición y como una lectio divina Mariana. No es simplemente que nuestra Señora, intercede por nosotros cuando lo rezamos, que de por sí, es lo más importante, sino que además entran en juego otros factores fundamentales de la oración de petición.

Se considera que hay principalmente tres motivos por los cuales Dios no atiende a nuestras peticiones. El primero nos lo advierte San Pablo: «Nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene» (Rm 8,26) efectivamente, a veces pedimos de un modo incorrecto, esto suele estar relacionado con nuestra disposición ante Dios. Lo explica muy bien Jesús en la parábola del altivo fariseo y el humilde publicano que acuden al templo a rezar, y que acaba así: «Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se enaltece, será humillado y el que se humille, será ensalzado» (Lc 18,14).

En el segundo motivo, el error está en el contenido de nuestra petición. Hemos de reconocer que tenemos una grandiosa tendencia a pedir simples caprichos. Pedimos cosas que nos gustan pero que no redundan en lo importante, es decir, en el bien de la gente y en la salvación de las almas. Algo parecido les pasó a los hijos de Zebedeo, quienes por medio de su madre le piden a Jesús sentarse a su derecha y a su izquierda en su reino. A lo que Jesús les contesta: «No sabéis lo que pedís» (Mt 20, 22). Su madre había hecho bien la petición, porque se arrodilló humildemente ante Jesús, pero lo que pedía no estaba dentro de la vivencia del Evangelio, porque pensaba en la gloria, el honor y el poder de sus hijos. Después nuestro Señor les explicó la perspectiva evangélica de lo que estaban pidiendo, y que no era otra cosa que la de dar la vida por el Reino, y esto lo aceptaron inmediatamente ambos apostóles.

El tercer motivo por el cual Dios nuestro Señor parece no atender nuestras peticiones es más misteriosa. Todos tenemos experiencia de haber pedido con humildad a Dios algo que es evangélicamente correcto, como por ejemplo que un amigo o nuestros padres superen un cáncer, pero, aparentemente Dios no ha atendido nuestra petición. Digo aparentemente porque misteriosamente, Dios sí ha atendido, pero no lo ha hecho a nuestra manera, ni a nuestro tiempo, pero si a su manera divina, haciendo lo que él considera más correcto. Desgraciadamente en innumerables ocasiones esto es difícil de saber y aceptar, porque supera nuestra capacidad comprensiva.

En los misterios del Santo Rosario encontramos la fortaleza para nuestra vida y con nuestra Señora nos namoramos de la vida de su hijo

Podemos ver claramente cuando rezamos el Santo Rosario, correctamente y con devoción, que éste nos ayuda a superar estos tres importantes problemas que surgen en la oración de petición. Por una parte, sentimos cómo Nuestra Señora nos acompaña en la oración, nos hace mirar a su hijo por sus ojos y escucharlo por sus oídos, y cuando contemplamos los misterios de su vida, la Virgen nos hace comprender y escudriñar la vida de su hijo.

Te puede interesar:
El Manto de la Virgen: El Escapulario de la Virgen del Carmen

En los misterios del Santo Rosario encontramos la fortaleza para nuestra vida y con nuestra Señora nos namoramos de la vida de su hijo, esa vida de la que ella es partícipe.

El Rosario nos ayuda a tener un corazón humilde y arrepentido, como el del publicano. También la Virgen nos guía como maestra de oración y de unión con Dios para que no pidamos caprichos o cosas inoportunas.

No olvidemos que la Virgen es la «Llena de Gracia», la que por medio del Espíritu Santo concibió a nuestro Salvador y Redentor. Por eso al rezar junto a nuestra Señora, ella nos pone en contacto con el Espíritu Santo que desde nuestro corazón «intercede  por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26) y clama «Abbá Padre» (Gal 4,5). Es decir, al rezar devotamente el Santo Rosario rezamos en unión con el Espíritu Santo, y así, hacemos nuestras Su oración. Una oración que asciende directo al Padre, porque sube en manos de Nuestra Señora con la fuerza del Espíritu Santo.

El Rosario nos ayuda a poner nuestra vida en las sabias y misteriosas manos de Dios.

La Virgen Santísima conoce muy bien lo que se sufre cuando las cosas no salen como nos gustaría. Ella vio morir a su inocente hijo en  la cruz, por eso, ella por experiencia podrá ayudarnos muy bien cuando nos hallamos ante una situación difícil y ante la que Dios aparentemente guarda silencio. En esos momentos, Nuestra Señora nos animará a rezar como su hijo en Getsemaní, acabando cada una de nuestras súplicas con este deseo: «que no se haga mi voluntad Sino la tuya» (Lc 22, 42).

En efecto el Rosario nos ayuda a poner nuestra vida en las sabias y misteriosas manos de Dios. El rezo del Santo Rosario ha desempeñado un papel fundamental en la historia de la santificación y salvación de los pueblos. Es la oración de los pequeños que no tienen voz y gritan por la voz de su madre, es piedrita de David para matar al gigante Goliat.
Dentro de muchos acontecimientos históricos el más conocido es el de la crucial Batalla de Lepanto, cuándo el 7 de octubre de 1571, la inferioridad venció a la flota turca, haciendo desaparecer así su peligro, pues amenazaba con saquear las costas del Mediterráneo y sucesivamente destruir todo lo que hablase del Dios de los cristianos; no sólo el Papa San Pío V así lo reconoció expresamente, también lo hicieron las autoridades españolas y venecianas, cuyas naves intervinieron en esa batalla, que el arma principal del combate fue el rezo del Santo Rosario.

Te puede interesar:
La confianza que debemos tener en la Madre de Dios cuando recurramos a ella

Este hecho motivó que la fiesta de la Virgen de las victorias del Santo Rosario fuese celebrada el 7 de octubre, día de la victoria. Existen otros innumerables acontecimientos como naufragios, epidemias, guerras, catástrofes naturales, en el que los protagonistas fueron testigos de cómo esta oración mariana fue crucial para conseguir el auxilio divino y la victoria.

En efecto, el rezo del Santo Rosario nos ayuda a pedir eficazmente lo que realmente nosotros necesitamos. Nada queda por decir, salvo una cosa con el Rosario en nuestras manos: «Santa María madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Indulgencia del Rosario

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que la iglesia otorga según determinadas condiciones.

La indulgencia plenaria puede ganarse una sola vez al día (excepto en peligro de muerte). Para ganar una indulgencia plenaria se debe efectuar el acto indulgenciado. Deben cumplirse adicionalmente los siguientes requisitos:
1- Confesión sacramental.
2- Comunión Eucarística.
3- Oraciones por las intenciones del Papa.

Adicionalmente, uno debe estar libre de toda propensión al pecado, incluyendo el pecado venial. Si todo esto no está presente o las condiciones enumeradas anteriormente no se cumplen, la indulgencia será sólo parcial. Las plenarias y parciales pueden ser aplicadas difuntos.

Rezando el Rosario

Se gana indulgencia plenaria, con las condiciones acostumbradas, cuando se reza el Rosario en la iglesia, en grupos familiares o en una comunidad religiosa.

Te puede interesar:
Existencia de Dios: Por la existencia del universo

También debe cumplirse:
a- Cinco decenas de Rosario deben decirse continuamente.
b- Las oraciones se deben recitar y los misterios deben ser meditados.
c- Si el Rosario es público, los misterios deben ser anunciados.

Indulgencia Parcial

Se gana indulgencia parcial cuando el Rosario, se reza en todo o en parte, en otras circunstancias.

Promesas de Nuestra Señora, tomadas de los escritos del Beato Alan de la Roche.

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.☐

Por Hno. Rodrigo Lee Divino, CMJ

Editor

Nuestro objetivo principal es el de ofrecer a nuestros lectores la mejor selección de artículos de contenido católico para su formación cristiana.

Ver todas las entradas

Comentar

¿Qué te pareció este artículo?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.