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La característica más sobresaliente del Salmo Navideño de  San Francisco consiste en contemplar íntimamente unidas la cuna y la cruz.



Al igual que los demás salmos del
Oficio de la Pasión, el Salmo de Navidad es un mosaico elaborado con versículos sálmicos por San Francisco de Asís, algunos otros textos bíblicos y adiciones personales. Pero este salmo tiene más añadidos personales que ningún otro.

Es, por tanto, el más personal de los salmos que Francisco compuso para meditar la vida, pasión y muerte de Jesús. Sin ninguna duda, el misterio de la encarnación de Dios o fue el que más fuertemente le impresionó, o aquel sobre el que encontró menos trazos en los salmos del Antiguo Testamento. Salta a la vista que las adiciones personales del Santo se inspiran en el evangelio de Navidad. Con breves rasgos esboza la esencia del mensaje navideño.

No repite literal e íntegramente la narración del nacimiento de Jesús en Belén; tampoco cita nominalmente a los ángeles, ni a los pastores o a san José. No contiene alusión alguna a la matanza de los Inocentes ordenada por Herodes, ni a la huida a Egipto. Lo que aparece en el primer plano es el acontecimiento de la Noche Santa: el santísimo Padre del cielo nos da a su amado Hijo por medio de la bienaventurada Virgen santa María. Esto es causa de alegría para toda la creación.

¿Cuál es la reacción de Francisco ante la Navidad? ¿Qué salmos elige? ¿Qué es lo que resalta de esta fiesta? He aquí el texto:[3]

  1. Gritad de gozo a Dios, nuestra ayuda (Sal 80,2); * aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo (cf. Sal 46,2).
  2. Porque el Señor es excelso, * terrible, Rey grande sobre toda la tierra (Sal 46,3).
  3. Porque el santísimo Padre del cielo, Rey nuestro antes de los siglos (Sal 73,12a), ‘ envió a su amado Hijo de lo alto, * y nació de la bienaventurada Virgen santa María.
  4. Él me invocó: «Tú eres mi Padre»; * y yo lo constituiré mi primogénito, excelso sobre los reyes de la tierra (Sal 88,27-28).
  5. En aquel día envió el Señor su misericordia, * y de noche su cántico (Sal 41,9).
  6. Este es el día que hizo el Señor, * exultemos y alegrémonos en él (Sal 117,24).
  7. Porque un santísimo niño amado se nos ha dado, ‘ y nació por nosotros (cf. Is 9,6) de camino y fue puesto en un pesebre, * porque no tenía lugar en la posada (cf. Lc 2,7).
  8. Gloria al Señor Dios en las alturas, * y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad (cf. Lc 2,14).
  9. Alégrense los cielos y exulte la tierra, ‘ conmuévase el mar y cuanto lo llena; * se alegrarán los campos y todo lo que hay en ellos (Sal 95,11-12).
  10. Cantad le un cántico nuevo, * cantad al Señor, toda la tierra (Sal 95,1).
  11. Porque grande es el Señor y muy digno de alabanza, * más temible que todos los dioses (Sal 95,4).
  12. Familias de los pueblos, ofreced al Señor, ‘ ofreced al Señor gloria y honor, * ofreced al Señor gloria para su nombre (Sal 95,7-8).
  13. Tomad [ofreced] vuestros cuerpos ‘ y llevad a cuestas su santa cruz, * y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos (cf. Lc 14,27; 1 Pe 2,21).

 

Como puede verse, el Salmo Navideño no se limita a hacer un llamamiento a alabar a Dios, sino que desemboca en una llamada a la acción, una acción que implica al hombre en su totalidad. La verdadera alabanza a Dios impele a la acción, que es la prueba de lo que se alaba. La fidelidad a lo largo de toda la vida en la entrega al Señor y en el cumplimiento de su voluntad, manifiesta la medida en que hemos comprendido y nos hemos dejado captar por el misterio de la Navidad.

La característica más sobresaliente del Salmo Navideño de Francisco consiste en contemplar íntimamente unidas la cuna y la cruz. Francisco no se queda en una alegría sentimental y que no compromete; al contrario, subraya la seriedad de la hazaña de Dios, que está exigiendo la respuesta de nuestra vida. En su relativamente corto Salmo de Navidad el Pobrecillo une de manera asombrosa la majestad y la humildad de Dios, la cuna y la cruz, la alabanza y el seguimiento, el hombre y el cosmos.

[3] La letra cursiva indica las adiciones personales de Francisco, para las que se inspiró sobre todo en el Evangelio de la Infancia (Lc 1-2), así como las palabras sueltas tomadas de ese texto o de otros textos litúrgicos.

Por franciscanos.org,  
editado por Formación Católica

Raquel Almada

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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