{"success":true,"data":{"id":202,"title":"Reconocer nuestra enfermedad","slug":"reconocer-nuestra-enfermedad","author":"P. Jorge Miguel Martínez","tipo":"temporal","liturgical_label":null,"excerpt":"Y dijo Jesús al centurión: «Anda; como creíste, se te cumpla». Y el criado en esa misma hora fue sanado.","content_html":"<h2>Evangelio según San Mateo 8, 5-17</h2><p>Cuando hubo entrado en Cafarnaúm, se le aproximó un centurión y le suplicó, diciendo: «Señor, mi criado está en casa, postrado, paralítico, y sufre terriblemente». Y Él le dijo: «Yo iré y lo sanare». Pero el centurión replicó diciendo: «Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, mas solamente dilo con una palabra y quedará sano mi criado. Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Ve” y él va; a aquél: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». </p><p>Jesús se admiró al oírlo, y dijo a los que le seguían: «En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe». Os digo pues: «Muchos llegarán del Oriente y del Occidente y se reclinarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allá será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Anda; como creíste, se te cumpla». Y el criado en esa misma hora fue sanado.</p><p>Entró Jesús en casa de Pedro y vio a la suegra de éste, en cama, con fiebre. La tomó de la mano y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le sirvió. Caída ya la tarde, le trajeron muchos endemoniados y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los enfermos. De modo que se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él quitó nuestras dolencias, y llevó sobre Sí nuestras flaquezas».</p>","gospel_ref":"Mt 8,5-17","gospel_text":"8,5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole:\n8,6 «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente».\n8,7 Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo».\n8,8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.\n8,9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace».\n8,10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe.\n8,11 Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos;\n8,12 en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes».\n8,13 Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído». Y el sirviente se curó en ese mismo momento.\n8,14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre.\n8,15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.\n8,16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos,\n8,17 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades, y cargó sobre sí nuestras enfermedades.","transcripcion":null,"thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Homilia_Reconocer-nuestra-enfermedad.jpg","audio_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/audios/20210626-389-Durante-el-ano-Mt-8-5-17-Reconocer-nuestra-enfermedad.mp3","youtube_url":null,"youtube_id":null,"spotify_url":null,"published_at":"2021-06-26"},"message":null}