{"success":true,"data":{"id":688,"title":"Los discípulos de Emaús","slug":"los-discipulos-de-emaus","author":"P. Jorge Miguel Martínez","tipo":"temporal","liturgical_label":null,"excerpt":"«¿No es verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros, mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?»","content_html":"<h2>Evangelio según San Lucas 24, 13-35</h2><p>Y he aquí que, en aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea, llamada Emaús, a ciento sesenta estadios de Jerusalén. E iban comentando entre sí todos estos acontecimientos. Y sucedió que, mientras ellos platicaban y discutían, Jesús mismo se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban deslumbrados para que no lo conociesen. Y les dijo: «¿Qué palabras son éstas que tratáis entre vosotros andando?». Y se detuvieron con los rostros entristecidos. </p><p>Uno, llamado Cleofás, le respondió: «Eres Tú el único peregrino, que estando en Jerusalén, no sabes lo que ha sucedido en ella en estos días?». Les dijo: «¿Qué cosas?» Y ellos: «Lo de Jesús el Nazareno, que fué varón profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo lo entregaron nuestros sumos sacerdotes y nuestros magistrados para ser condenado a muerte, y lo crucificaron. </p><p>Nosotros, a la verdad, esperábamos que fuera Él, aquel que habría de librar a Israel. Pero, con todo, ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas. Y todavía más, algunas mujeres de los nuestros, nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo se volvieron, diciendo también que ellas habían tenido una visión de ángeles, los que dicen que Él está vivo. Algunos de los que están con nosotros han ido al sepulcro, y han encontrado las cosas como las mujeres habían dicho; pero a Él no lo han visto». Entonces les dijo: «¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿No era necesario que el Cristo sufriese así para entrar en su gloria?». Y comenzando por Moisés, y por todos los profetas, les hizo hermenéutica de lo que en todas las Escrituras había acerca de Él. </p><p>Se aproximaron a la aldea a donde iban, y Él hizo ademán de ir más lejos. Pero ellos le hicieron fuerza, diciendo: «Quédate con nosotros, porque es tarde, y ya ha declinado el día». Y entró para quedarse con ellos. Y estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces los ojos de ellos fueron abiertos y lo reconocieron; mas Él desapareció de su vista. Y se dijeron uno a otro: «¿No es verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros, mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?».</p><p>Y levantándose en aquella misma hora, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los demás, los cuales dijeron: «Realmente resucitó el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo se hizo conocer de ellos en la fracción del pan.</p>","gospel_ref":"Lc 24,13-35","gospel_text":"24,13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.\n24,14 En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.\n24,15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.\n24,16 Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.\n24,17 Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste,\n24,18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».\n24,19 «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,\n24,20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.\n24,21 Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.\n24,22 Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro\n24,23 y, al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.\n24,24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».\n24,25 Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!\n24,26 ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?».\n24,27 Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.\n24,28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.\n24,29 Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». Él entró y se quedó con ellos.\n24,30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.\n24,31 Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.\n24,32 Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».\n24,33 En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,\n24,34 y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».\n24,35 Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.","transcripcion":null,"thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Los-discipulos-de-Emaus.jpg","audio_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/audios/20210407-323-Miercoles-de-Pascua-Lc-2413_35-Los-discipulos-de-Emaus.mp3","youtube_url":null,"youtube_id":null,"spotify_url":null,"published_at":"2023-04-12"},"message":null}