{"success":true,"data":{"id":142,"title":"La Santa Misa no es de segunda importancia","slug":"la-santa-misa-no-es-de-segunda-importancia","author":"P. Jorge Miguel Martínez","tipo":"temporal","liturgical_label":null,"excerpt":"«Las bodas están preparadas, mas los convidados no eran dignos. Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos halléis, invitadlos a las bodas”. Salieron aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados».","content_html":"<h2>Evangelio según san Mateo 22, 1-14<br>28º Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A</h2><p>Respondiendo Jesús les habló de nuevo en parábolas, y dijo: “El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas ellos no quisieron venir.</p><p>Entonces envió a otros siervos, a los cuales dijo: “Decid a los convidados: Tengo preparado mi banquete; mis toros y animales cebados han sido sacrificados ya, y todo está a punto: venid a las bodas”. Pero, sin hacerle caso, se fueron el uno a su granja, el otro a sus negocios. Y los restantes agarraron a los siervos, los ultrajaron y los mataron. El rey, encolerizado, envió sus soldados, hizo perecer a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.</p><p>Entonces dijo a sus siervos: “Las bodas están preparadas, mas los convidados no eran dignos. Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos halléis, invitadlos a las bodas”. Salieron aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados. Mas cuando el rey entró para ver a los comensales, notó a un hombre que no estaba vestido con el traje de boda. Díjole: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener el traje de boda?” Y él enmudeció.</p><p>Entonces el rey dijo a los siervos: “Atadlo de pies y manos, y arrojadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.</p>","gospel_ref":"Mt 22,1-1428","gospel_text":"22,1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:\n22,2 «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.\n22,3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.\n22,4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.\n22,5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;\n22,6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.\n22,7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.\n22,8 Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.\n22,9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.\n22,10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.\n22,11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.\n22,12 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.\n22,13 Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.\n22,14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».\n22,15 Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.\n22,16 Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de na die.\n22,17 Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?».\n22,18 Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?\n22,19 Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentaron un denario.\n22,20 Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».\n22,21 Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».\n22,22 Al oír esto, quedaron admirados y, dejando a Jesús, se fueron.\n22,23 Aquel mismo día se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:\n22,24 «Maestro, Moisés dijo: 'Si alguien muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda'.\n22,25 Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y como murió sin tener hijos, dejó su esposa al hermano.\n22,26 Lo mismo ocurrió con el segundo, después con el tercero, y así sucesivamente hasta el séptimo.\n22,27 Finalmente, murió la mujer.\n22,28 Respóndenos: cuando resuciten los muertos, ¿de cuál de los siete será esposa, ya que lo fue de todos?».\n22,29 Jesús les dijo: «Están equivocados, porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios.\n22,30 En la resurrección ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que todos serán como ángeles en el cielo.\n22,31 Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído la palabra de Dios, que dice:\n22,32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? ¡Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes!».\n22,33 La multitud, que había oído esto, quedó asombrada de su enseñanza.\n22,34 Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar,\n22,35 y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:\n22,36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».\n22,37 Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.\n22,38 Este es el más grande y el primer mandamiento.\n22,39 El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.\n22,40 De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».\n22,41 Mientras los fariseos estaban reunidos, Jesús les hizo esta pregunta:\n22,42 «¿Qué piensan acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Ellos le respondieron: «De David».\n22,43 Jesús les dijo: «¿Por qué entonces, David, movido por el Espíritu, lo llama 'Señor', cuando dice:\n22,44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos, debajo de tus pies?\n22,45 Si David lo llama 'Señor', ¿cómo puede ser hijo suyo?».\n22,46 Ninguno fue capaz de responderle una sola palabra, y desde aquel día nadie se atrevió a hacerle más preguntas.","transcripcion":null,"thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Homilia_-La-Santa-Misa-no-es-de-segunda-importancia.jpg","audio_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/audios/Durante-el-ano-DOMINGO-A-28-Mt-22-1-14-La-Santa-Misa-no-es-de-segunda-importancia.mp3","youtube_url":null,"youtube_id":null,"spotify_url":null,"published_at":"2020-10-15"},"message":null}