{"success":true,"data":{"id":674,"title":"La resurrección de Lázaro","slug":"la-resurreccion-de-lazaro","author":"P. Jorge Miguel Martínez","tipo":"temporal","liturgical_label":"5° Domingo de Cuaresma - Ciclo A","excerpt":"«Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá»","content_html":"<h2>5º Domingo de Cuaresma – Ciclo A<br>Evangelio según San Juan 11, 1-45</h2><p>En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.</p><p>Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.</p><p>Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.</p><p>Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.</p><p>Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.</p><p>Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.</p><p>Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”</p><p>Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.</p><p>Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.</p><p>Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.</p>","gospel_ref":"Jn 11,1-45","gospel_text":"11,1 Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.\n11,2 María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.\n11,3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo».\n11,4 Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».\n11,5 Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.\n11,6 Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.\n11,7 Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».\n11,8 Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?».\n11,9 Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce las horas del día?,El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;\n11,10 en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».\n11,11 Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo».\n11,12 Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará».\n11,13 Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.\n11,14 Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,\n11,15 y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo».\n11,16 Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él».\n11,17 Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.\n11,18 Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros.\n11,19 Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.\n11,20 Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.\n11,21 Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.\n11,22 Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».\n11,23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».\n11,24 Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».\n11,25 Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;\n11,26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».\n11,27 Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».\n11,28 Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama».\n11,29 Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.\n11,30 Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.\n11,31 Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.\n11,32 María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».\n11,33 Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado,\n11,34 preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás».\n11,35 Y Jesús lloró.\n11,36 Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».\n11,37 Pero algunos decían: «Este, que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?».\n11,38 Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,\n11,39 y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto».\n11,40 Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».\n11,41 Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.\n11,42 Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».\n11,43 Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!».\n11,44 El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».\n11,45 Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.","transcripcion":null,"thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/La-resurreccion-de-Lazaro.jpg","audio_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/audios/Cuaresma-Jn-111-45-La-resurreccion-de-Lazaro.mp3","youtube_url":null,"youtube_id":null,"spotify_url":null,"published_at":"2023-03-25"},"message":null}