{"success":true,"data":{"id":743,"title":"San Felipe Neri y la peculiar penitencia a una mujer","slug":"una-peculiar-penitencia-de-san-felipe-neri-a-una-mujer","excerpt":"San Felipe Neri es el patrono de los educadores y humoristas. Muchos lo llamaban el Santo de la Alegría, también fue famoso por ser un gran confesor, pues trataba a sus penitentes de una manera muy particular.","content_html":"<p><em>San Felipe Neri es el patrono de los educadores y humoristas. Muchos lo llamaban el Santo de la Alegría, también fue famoso por ser un gran confesor, pues trataba a sus penitentes de una manera muy particular.</em></p><p>Entre las tantas anécdotas de este santo, existe una bastante peculiar. Como es el caso de una mujer a quien le gustaba <a class=\"yoast-seo-link\" href=\"https://formacioncatolica.org/el-pecado-de-la-murmuracion-como-salir-de-ella/\">murmurar</a> y calumniar a sus vecinos.  <strong>Cierta vez, se acercó a San Felipe Neri para confesarse y el santo le impuso una peculiar penitencia.</strong></p><p>Esta señora tenía la costumbre de confesarse con <a href=\"https://formacioncatolica.org/san-felipe-neri-presbitero/\">San Felipe Neri</a> y casi siempre tenía el mismo cuento que decir: el de calumniar a sus vecinos. Por eso, San Felipe, le dijo:</p><p><em>– De penitencia vas a ir al mercado, compras un pollo y me lo traes a mí. Pero de regreso lo vas desplumando, arrojando las plumas en las calles conforme caminas. </em></p><p>La señora pensó que ésta era una penitencia rara, pero deseando recibir la absolución, hizo conforme se le había indicado y por fin regresó donde San Felipe Neri.</p><p><em>– Bueno, Padre, he completado mi penitencia.</em></p><p>Y le mostró el pollo desplumado.</p><p><em>– Oh, de ningún modo la has completado – </em>le dijo el santo<em>. Ahora regresarás al mercado y en el camino recoges todas las plumas y las pones en una bolsa. Entonces regresas donde mí con la bolsa”.</em></p><p><em>– ¡Pero eso es imposible! –</em>lloró la señora<em>–, ¡esas plumas deben de estar ahora por toda la ciudad!. </em></p><p><em>– Es cierto –</em>replicó el santo - <em>es imposible recoger las plumas una vez que se las ha llevado el viento, igual que es imposible retirar murmuraciones y calumnias una vez que han salido de la boca.</em></p><p>De esta forma, el santo hizo ver a aquella mujer el gran daño que ella causaba con sus chismes y calumnias.</p><p><strong>«Hay tentaciones, como las de la carne, que se vencen huyendo; otras, como las de la ira, resistiéndolas, y otras, como las de la vanagloria, despreciándolas» decía San Felipe Neri.</strong></p><h2 id=\"h-algo-sobre-san-felipe-neri\">Algo sobre San Felipe Neri</h2><p><strong><img src=\"/uploads/images/8d3e35f6a4ef79f7afa99d60299663f6-2e33.jpg\" class=\"jodit_right\" style=\"float: right; margin: 0.25rem 0px 1rem 1.5rem; width: 50%; height: auto;\">Felipe había recibido de Dios el don de la alegría y de amabilidad. </strong>Como era tan simpático en su modo de tratar a la gente, fácilmente se hacía amigo de obreros, de empleados, de vendedores y niños de la calle y <strong>empezaba a hablarles del alma, de <a href=\"https://formacioncatolica.org/resignacion-a-la-voluntad-de-dios-en-la-enfermedades-corporales/\" class=\"yoast-seo-link\">Dios </a>y de la salvación.</strong> Una de sus preguntas más frecuentes era esta: «amigo ¿y cuándo vamos a empezar a volvernos mejores?». <strong>Si la persona le demostraba buena voluntad, le explicaba los modos más fáciles para llegar a ser más piadosos y para comenzar a portarse como Dios quiere.</strong></p><p>A aquellas personas que le demostraban mayores deseos de progresar en santidad, las llevaba de vez en cuando a atender enfermos en hospitales de caridad, que en ese tiempo eran pobrísimos y muy abandonados y necesitados de todo. <strong>Otra de sus prácticas era llevar a las personas que deseaban empezar una vida nueva, a visitar en devota procesión los siete templos principales de Roma y en cada uno dedicarse un buen rato a orar y meditar. Y así con la caridad para los pobres y con la oración lograba transformar a muchísima gente.</strong></p><p>Desde la mañana hasta el anochecer estaba enseñando catecismo a los niños, visitando y atendiendo enfermos en los hospitales, y llevando grupos de gentes a las iglesias a rezar y meditar. <strong>Pero al anochecer se retiraba a algún sitio solitario a orar y a meditar en lo que Dios ha hecho por nosotros. Muchas veces pasó la noche entera rezando. </strong>Le encantaba irse a rezar en las puertas de los templos o en las catacumbas o grandes cuevas subterráneas de Roma donde están enterrados los antiguos mártires. <strong>Lo que más pedía Felipe al <a href=\"https://formacioncatolica.org/la-meta-es-el-cielo-formar-a-la-juventud-en-la-santidad/\" class=\"yoast-seo-link\">cielo</a> era que se le concediera un gran amor hacia Dios. </strong></p><blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-style-plain\"><p>Pasaba horas y horas en el confesionario y sus penitentes de todas las clases sociales cambiaban como por milagro.</p></blockquote><p>Y la vigilia de la fiesta de <a href=\"https://formacioncatolica.org/como-ganar-indulgencia-plenaria-en-la-solemnidad-de-pentecostes/\" class=\"yoast-seo-link\">Pentecostés</a>, estando aquella noche rezando con gran<a href=\"https://formacioncatolica.org/los-grados-de-la-fe/\" class=\"yoast-seo-link\"> fe</a>, pidiendo a Dios el poder amarlo con todo su corazón, éste se creció y se le saltaron dos costillas. Felipe entusiasmado y casi muerto de la emoción exclamaba: <strong>«¡Basta Señor, basta! ¡Que me vas a matar de tanta alegría». </strong>En adelante nuestro santo experimentaba tan grandes accesos de amor a Dios que todo su cuerpo de estremecía, y en pleno invierno tenía que abrir su camisa y descubrirse el pecho para mitigar un poco el fuego de amor que sentía hacia Nuestro Señor. Cuando lo fueron a enterrar notaron que tenía dos costillas saltadas y que estas se habían arqueado para darle puesto a su corazón que se había ensanchado notablemente.</p><p>A los 34 años todavía era un simple seglar. <strong>Pero a su confesor le pareció que haría inmenso bien si se ordenaba de sacerdote y como había hecho ya los estudios necesarios, aunque él se sentía totalmente indigno, fue ordenado de sacerdote, en el año 1551.</strong></p><p><strong>Y apareció entonces en Felipe otro carisma o regalo generoso de <a href=\"https://formacioncatolica.org/san-jose-figura-de-dios-padre/\" class=\"yoast-seo-link\">Dios</a>: su gran don de saber confesar muy bien. </strong>Ahora pasaba horas y horas en el confesionario y sus penitentes de todas las clases sociales cambiaban como por milagro. <strong>Leía en las conciencias los pecados más ocultos y obtenía impresionantes conversiones.</strong> Con grupos de personas que se habían confesado con él, se iba a las iglesias en procesión a orar, como penitencia por los pecados y a escuchar predicaciones. <strong>Así la conversión era más completa.</strong></p><p>El santo repetía constantemente: «<strong>La confesión frecuente de los pecados es causa de un gran bien para nuestra alma, porque la purifica, la sana y la detiene en el servicio de Dios</strong>».</p><p>Fue declarado santo en el año 1622 y en Roma lo consideraron como a su mejor catequista y director espiritual. Es patrono de Roma y de Italia. Su memoria litúrgica se celebra el 26 de mayo.</p><p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Anécdotas de San Felipe Neri</em></strong></p>","thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/San-felipe-Neri.jpg","author":"FormacionCatolica.org","published_at":"2021-05-26 09:47:30","tags":[{"id":6,"name":"Modelos de Vida","slug":"modelos-de-vida"}]},"message":null}