{"success":true,"data":{"id":80,"title":"Una madre sin televisión","slug":"una-madre-sin-television","excerpt":"La historia de Marta, madre de seis hijos, que cambió el tiempo de las cosas superficiales por la confianza en Dios y la apertura a la vida.","content_html":"<p><em>¿Ellos no tienen televisión acaso? Es la pregunta que surge generalmente cuando decimos que una madre tuvo muchos hijos. Esta cuestión es fruto de lo que una sociedad egoísta y desconfiada de Dios dicta como pauta de comportamiento: tener pocos hijos para disfrutar de la vida. Pero esta pregunta tiene algo de verdad. Porque mujeres como Marta, con seis hijos, son mujeres que dedicaron menos tiempo a las cosas superficiales de la vida —como ver TV— para dedicarse a hacer la voluntad de Dios, confiando en Él.</em></p>\n\n<h2>Ser madre de muchos hijos no es una tarea fácil</h2>\n<p>Obviamente, requiere sacrificio, entrega, amor incondicional y mucha fe para superar las pruebas y los embates de la vida. No en vano hasta el calendario civil tiene una fecha anual para recordarlas.</p>\n<p>Nuestro país contó con una notable época en la que numerosas <strong>mujeres vivieron a pleno su maternidad</strong>, llegando a criar algunas hasta a 17 hijos, a pesar de las precarias condiciones de vida y un austero soporte tecnológico.</p>\n<blockquote><p>No éramos nosotros los autores de la vida, sino Dios.</p></blockquote>\n<p>Para la sociedad actual, un solo hijo es considerado lo mejor para un matrimonio; otros son más osados y dicen: dos es el número ideal. Para Marta y Eduardo en cambio, <strong>es Dios quien decide cuántos hijos deben venir</strong> al mundo en cada matrimonio.</p>\n<p>Marta Liz Giménez se casó con José Eduardo Rivas a los 17 años y cuando cumplió 18, fue madre por primera vez. Eduardo José David, el primogénito de la familia, nació con 3 kilos en parto normal. «<em>Ver al niño que llevé en mi vientre durante tanto tiempo fue un instante único, <strong>que marcó mi vida y la llenó de una alegría indescriptible</strong></em>», comenta Marta, sentada en la sala de su casa, donde nos recibió para esta entrevista.</p>\n<p><em><strong>También puede interesarte: ¿Cómo fortalecer un hogar católico?</strong></em></p>\n\n<h2>¿Qué significa ser madre?</h2>\n<p>Muchas mujeres creen que la maternidad es solamente un periodo en el que se sufre ciertas variaciones corporales, hormonales, emocionales y se pierde por completo la estética del cuerpo femenino por causa del bebé que llevan durante nueve meses en el vientre, y cuando llegan los niños, todo el tiempo es invertido en el cuidado y crianza de los hijos y muchas cosas se dejan de lado. Para Marta en cambio, «<em><strong>la maternidad es un don de Dios</strong>; cada mujer se hace cooperadora de él en la creación, dando vida a un nuevo ser</em>». Pensada así la cosa, sólo la fe puede explicar su determinación y valentía.</p>\n<p>Con 19 años y su pequeño en brazos, la joven madre, aficionada al handball, se inscribe en la Universidad. «<em>Mi tiempo se distribuía <strong>equitativamente entre trabajar, cuidar a mi hijo, ser ama de casa y estudiante universitaria</strong></em>». Además participaba como atleta de los afamados juegos universitarios, debido a su gran pasión por el deporte.</p>\n<blockquote><p>Tener muchos hijos nunca fue un impedimento para que pueda realizarme como profesional.</p></blockquote>\n<p>Eduardo y Marta coinciden en esto: «<em>Para que la familia esté completa era necesario tener una hija, de tal modo que se complete el matrimonio de Papá, Mamá, la nena y el varón</em>»; la «parejita» como se conoce en el Paraguay. Y nació Melissa; y el matrimonio creyó que ya nada hacía falta. «<em>Con el nacimiento de la nueva integrante, <strong>nosotros ya no quisimos tener más hijos</strong>, pues decíamos que todo estaba en su perfecto lugar</em>».</p>\n<p>Con las vueltas de la vida y los designios de Dios, la pareja tuvo un giro inesperado, y por medio de un retiro espiritual ambos comprendieron su rol dentro del matrimonio. «<em>Entendimos que <strong>no podíamos impedir ni forzar por medios antinaturales la fecundidad matrimonial</strong>. Pudimos comprender que no éramos nosotros los autores de la vida, sino Dios, quien en su inmensa providencia envía a cada familia los hijos que deben tener</em>». Comenzaron entonces a estar totalmente abiertos a la vida.</p>\n<p>En el transcurso de los años la familia Rivas Giménez fue creciendo y llegaron a ser una auténtica familia católica. Y así, fueron acoplándose los demás integrantes de la prole con Marta Gabriela, Luana María, Fátima Adriana y el pequeño Juanri, como cariñosamente es llamado Juan Rafael, el último de los hijos.</p>\n<p><img src=\"/uploads/images/Familia-Rivas-Familia-numerosa2.jpg\" alt=\"\"></p>\n\n<h2>¡Pero cómo hacían las abuelas para mantener tantos hijos!</h2>\n<p>Muchas mujeres se preguntan hoy: ¿cómo nuestras bisabuelas y abuelas podían concebir entre 8, 10 o 12 hijos? ¿Cómo resolvían las cuestiones alimentarias, la educación, la vestimenta y la salud, tanto de la madre, como de los que llegaban al mundo? Sin saber cómo encarar la cosa, <strong>las mujeres de la actualidad reducen al mínimo la cantidad de hijos</strong> que pretenden concebir, alegando que si tienen pocos hijos, será para brindarles una mejor calidad de vida.</p>\n<blockquote><p>Mi apostolado y mi gran misión como madre es llevar a mis hijos a la vida eterna.</p></blockquote>\n<p>Con el paso de los años y la cantidad de hijos, la mujer valora el don de la maternidad, dice Marta: «<strong><em>Cada hijo siempre fue una nueva experiencia</em></strong>».</p>\n<p>La sexta vez que Marta tuvo la dignidad de llevar un nuevo ser y cooperar con Dios en la obra creadora, fue cuando ya había alcanzado los 41 años, a pesar de que la ciencia médica no recomiende los embarazos a esa edad. Pero Marta confió en Dios, quien es el que verdaderamente hace todas las cosas y tuvo a su último hijo sin muchas complicaciones.</p>\n\n<h2>Una madre multifacética</h2>\n<p>El día a día de Marta es ajetreado. Hay que levantarse temprano y ayudar a los chicos que deben ir a la escuela: preparar el desayuno, los uniformes, la ropa del marido y otras cosas; y todos deben estar impecables antes de salir de casa. <strong>Pero todo comienza con la oración de la mañana</strong>. Luego, a cumplir en el propio trabajo, las tareas domésticas y la atención a los chicos con sus respectivas tareas escolares.</p>\n<p>A su paso por la Universidad, Marta se graduó como Licenciada en Ciencias Contables. Hoy ejerce perfectamente su profesión y comenta que «<em>tener muchos hijos nunca fue un impedimento para que pueda realizarme como profesional y cumplir mis demás tareas de madre y esposa</em>».</p>\n<p>Con ella se destierra el famoso mito que es repetido por muchas mujeres en la actualidad: <em><strong>una madre con muchos hijos ya no puede ser una mujer exitosa</strong> en el campo profesional</em>. Marta enfatiza que no hay nada que la maternidad haya truncado en su vida; más bien, ha sido el motor que la impulsó a esforzarse en poder tener una profesión y mediante ella brindar a sus hijos lo necesario para su formación espiritual e intelectual.</p>\n<p>A pesar de las contradicciones sociales, las críticas de los amigos y la típica frase paraguaya cuando ya van muchos hijos en una familia, «<em>¿<strong>Ustedes acaso no tienen televisión</strong>?</em>», Doña Marta y Don Eduardo siguieron adelante en la crianza y educación de hijos sin nunca dejar de confiar en Dios y su providencia.</p>\n\n<h2>Vivir para el cielo</h2>\n<p>«<em>Mi apostolado y mi gran misión como madre es <strong>llevar a mis hijos a la vida eterna</strong></em>». Claro, eso no impide que aquello de «<em>dar la vida por cada hijo</em>» también implique despertarse de noche, de madrugada o simplemente no dormir cuando los hijos se enferman. Todo es por amor y con amor. «<em>El amor que cada madre siente por sus hijos, es único y no puede compararse con los demás amores que existen</em>».</p>\n<p>Como esta abnegada madre, existen muchas mujeres heroicas que anónimamente se desenvuelven por la vida tratando de combinar la vida profesional, la maternidad, su condición de esposa y la educación de sus hijos.</p>\n<blockquote><p>Para Marta cada uno de sus hijos es un pedazo de su vida. Su vida partida en seis.</p></blockquote>\n\n<h2>Datos de la familia</h2>\n<p><strong>Nombre de la pareja:</strong> Eduardo José Rivas y Marta Liz Giménez</p>\n<p><strong>Fecha de matrimonio:</strong> 17 de noviembre de 1989</p>\n<p><strong>Hijos y sus actividades:</strong></p>\n<ul>\n<li>Eduardo José David Rivas Giménez (24), estudiante de Administración de Empresas.</li>\n<li>Liz Melissa Rivas Giménez (21), estudiante de profesorado en Lengua Inglesa.</li>\n<li>Marta Gabriela Rivas Giménez (13), alumna del 9no. Grado.</li>\n<li>Luana María Rivas Giménez (7), alumna del 3er. Grado.</li>\n<li>Fátima Adriana Rivas Giménez (5), alumna del 1er. Grado.</li>\n<li>Juan Rafael Rivas Giménez, 1 año y seis meses.</li>\n</ul>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Publicada el: 1 de abril de 2015</strong></em></p>","thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Familia-Rivas-Familia-numerosa.jpg","author":"FormacionCatolica.org","published_at":"2018-05-07 09:00:24","tags":[{"id":7,"name":"Entrevista","slug":"entrevista"},{"id":18,"name":"Vida Cristiana","slug":"vida-cristiana"}]},"message":null}