{"success":true,"data":{"id":995,"title":"Mortificaciones dentro del matrimonio","slug":"mortificaciones-matrimoniales","excerpt":"El matrimonio solo se puede entender de verdad si se conoce el amor cristiano, que no es cualquier amor, es un amor crucificado, a imagen del amor que el mismo Hijo de Dios ha tenido por nosotros.","content_html":"<p><em><a href=\"https://formacioncatolica.org/el-combate-espiritual-segun-san-francisco-de-sales/\">San Francisco de Sales</a> ha dicho: «el matrimonio es un perpetuo ejercicio de mortificación». No es una advertencia contra el matrimonio, sino más bien lo contrario: una ayuda para entender bien lo que es el matrimonio y poder cumplir la vocación matrimonial.</em></p><p class=\"has-text-align-center\"><strong>***</strong></p><p>No hay <strong>nada más políticamente incorrecto que los santos</strong>. Ojalá leyéramos más sobre ellos, porque sus acciones y sus palabras son uno de los pocos remedios eficaces para las tonterías y desesperanzas que nos tragamos sin darnos cuenta por contacto con el mundo.</p><p>He leído <strong>una frase de <a href=\"https://formacioncatolica.org/el-combate-espiritual-segun-san-francisco-de-sales/\">San Francisco de Sales</a> que me ha hecho reír: «el matrimonio es un perpetuo ejercicio de mortificación»</strong>. Como dicen los anglosajones, la frase <em>is funny because it’s true</em>, es divertida porque es cierta, aunque a oídos modernos suene profundamente escandalosa. En especial si tenemos en cuenta que no es una frase de uno de esos santos ascetas del desierto, cuya vocación era la soledad y la renuncia completa al mundo, sino del santo afable y moderado por excelencia,<a href=\"https://formacioncatolica.org/san-francisco-de-sales-obispo-doctor/\"> San Francisco de Sales</a>.</p><p><strong>Nuestra época tiene una visión del <a href=\"https://formacioncatolica.org/matrimonio-santo-celia-guerin-y-luis-martin/\">matrimonio</a> a la vez ridículamente ingenua y terriblemente desesperanzada</strong>. Por un lado, el hombre y la mujer modernos lo imaginan como algo idílico, lleno de «amoooor» (hay que decirlo así, alargando la palabra y entornando los ojos), un amor pasteloso y puramente sentimental; por otro, a la menor dificultad, tiran ese matrimonio por la ventana en sus prisas por huir del sufrimiento y «rehacer su vida» en defensa del «derecho a ser felices». Ambas cosas están conectadas y, juntas, resultan letales, porque la realidad cotidiana no tarda en desmentir la imagen color de rosa y el miedo al sufrimiento lleva inevitablemente a huir de esa realidad, en busca de otro amor que se ajuste a unas expectativas imposibles.</p><p><strong><img src=\"/uploads/images/pre-wedding-renata-e-marcos-solar-dos-ipes-6e94.jpg\" class=\"jodit_focused_image jodit_left\" style=\"float: left; margin: 0.25rem 1.5rem 1rem 0px; width: 50%; height: auto;\">No es extraño que suceda esto. A fin de cuentas, el<a href=\"https://formacioncatolica.org/cual-es-el-secreto-del-matrimonio-feliz/\"> matrimonio</a> solo se puede entender de verdad si se conoce el amor cristiano, que no es cualquier amor, es un amor crucificado</strong>, a imagen del amor que el mismo Hijo de Dios ha tenido por nosotros. Por eso en la Iglesia se anuncia<em> a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles</em> y las dos cosas para el mundo moderno. <strong>Nuestros contemporáneos han apostatado y ya no soportan la cruz, sin saber que, al huir de la cruz, están huyendo del verdadero amor.</strong></p><p>Hay que tener en cuenta que la frase de San Francisco de Sales forma parte de una carta dirigida por el obispo a «una señora doncella», es decir, soltera, que le había pedido consejo con respecto al matrimonio y en la que él le aconsejaba que se casase. Es decir, no es una advertencia contra el matrimonio, sino más bien lo contrario:<strong> una ayuda para entender bien lo que es el matrimonio y poder cumplir la vocación matrimonial. Hoy tantos <a href=\"https://formacioncatolica.org/fracasos-matrimoniales-entre-catolicos/\">matrimonios de católicos</a> son tan blanditos y se rompen tan fácilmente porque nadie les dice estas cosas. Nadie les advierte de lo que realmente es el matrimonio, de modo que van a casarse como los paganos, sin tener ni idea de qué es lo que están haciendo ni de qué conlleva esa vocación que han recibido.</strong></p><blockquote class=\"wp-block-quote is-style-plain\"><p>El verdadero amor no es un sentimiento, que viene y se va sin que podamos hacer nada para evitarlo, sino una acción libre de entregar la propia vida por otro.</p></blockquote><p><strong><a href=\"https://formacioncatolica.org/7-secretos-para-conseguir-un-matrimonio-feliz-validos-para-los-jovenes-y-para-los-mas-veteranos/\">El matrimonio,</a> ciertamente, no es solo mortificación, pero también es mortificación porque es dar la vida, morir a uno mismo. E</strong>l verdadero amor no es un sentimiento, que viene y se va sin que podamos hacer nada para evitarlo, sino una acción libre de entregar la propia vida por otro. Eso es lo que sostiene el matrimonio, una doble entrega: primero la entrega de la vida de Cristo por su Iglesia y, con su gracia, la entrega de la vida de cada esposo por el otro y por los hijos. San Ignacio de Antioquía, cuando era llevado a Roma para que lo devoraran los leones, dijo «ahora empiezo a ser cristiano».<strong> Del mismo modo, cada vez que uno es capaz de morir a sí mismo, puede decir «ahora empiezo a ser esposo».</strong></p><p><strong>Quizá sea necesario hoy usar esa palabra tan escandalosa de mortificación, porque «dar la vida»</strong><strong>puede incluso sonar bien, pero morir no le gusta a nadie</strong>. Morir es renunciar a los propios planes, gustos y deseos, es buscar el bien de la esposa o del esposo y de los hijos antes que el propio, es servir y no ser servidos, es humillarse y abajarse, es aceptar al otro como es y no como nos gustaría que fuera, es gastarnos y desgastarnos por el bien de la propia familia. Morir es, en definitiva, abrazar la cruz en vez de huir de ella.</p><p><strong>Entonces, cuando abrazamos la cruz con la gracia de Dios, asombrosamente, esa cruz se hace gloriosa, unida a la Cruz de Cristo</strong>. Sigue doliendo, pero ya no tiene poder para matar. Al contrario, se hace fuente de vida eterna, de santidad y del auténtico amor al que estábamos llamados. Bendita cruz, porque, sin ella, nunca habríamos aprendido a amar a la esposa o al esposos y a los hijos como Dios quería que los amáramos, no habríamos cumplido nuestra vocación de esposos ni habríamos visto en nuestra propia vida los milagros de Dios. <strong>Solo en la cruz empezamos a ser esposos.</strong> Como dice el P. Iraburu en una magnífica serie de artículos, la ausencia de la cruz es la causa de todos los males.</p><p><strong>El matrimonio con sus alegrías y mortificaciones solo se comprende si recordamos que es una gracia que no nos merecemos. </strong>Solo Dios da esa gracia y, sin ella, el matrimonio para toda la vida no tiene sentido, dar la vida por otros es absurdo y la cruz es una maldición. Sin la gracia de Dios solo nos queda una serie de huidas desesperadas y sucesivas, en busca de una felicidad imaginaria que nunca encontraremos.</p><p>En cambio, con la gracia de lo alto y agarrados a la cruz, podemos descubrir, como los Israelitas, que Dios hace milagros en nuestra historia, nos da pan en el desierto, saca agua de la roca, abre el mar ante nosotros y nos lleva a una tierra que mana leche y miel. <strong>Como decía San Francisco de Sales en la misma carta, «el dulce Jesús sea siempre vuestro azúcar y vuestra miel, que haga suave vuestra vocación</strong>».</p>","thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Santificacion-en-el-matrimonio.jpg","author":"Bruno M","published_at":"2023-03-13 08:55:42","tags":[{"id":18,"name":"Vida Cristiana","slug":"vida-cristiana"}]},"message":null}