{"success":true,"data":{"id":486,"title":"Las distracciones: Causas del mal éxito en la oración","slug":"las-distracciones-causas-del-mal-exito-en-la-oracion","excerpt":"La guerra que nos hace el demonio no tiene más objeto que haceros abandonar la oración.","content_html":"<p><em>Con cuánta frecuencia nos ha pasado que intentamos rezar, pero ¡saz! viene una distracción luego otra y otra...y así vagan por nuestros pensamientos: las cuentas que debo pagar, las actividades que debo realizar, las compras, la comida, etc. Luego cuando termina la hora de la oración, me doy cuenta que no pude recogerme y me dejé llevar por las distracciones. ¿Será que vienen del demonio o son producto de mi debilidad? </em></p><hr/><p>La guerra que nos hace el demonio no tiene más objeto que hacernos abandonar la oración.</p><h2 id=\"las-distracciones\">Las distracciones</h2><p>Las hay que vienen del demonio.<a href=\"https://formacioncatolica.org/la-oracion-en-si-misma-ii/\" class=\"yoast-seo-link\"> La oración </a>es el gran campo de batalla. «<strong>La guerra que nos hace el demonio - dice el santo abad Nilo</strong> -  no tiene más objeto que haceros abandonar la oración, la cual para él es tan insoportable y odiosa como para nosotros saludable». Permitirá que nos demos al ayuno, a la mortificación, a todo aquello que puede halagar nuestro orgullo, pero no puede sufrir la oración, en que el alma glorifica a Dios, humillándose y transformándose.</p><p>De ahí que procure extraviar nuestros pensamientos y afectos, fatigándonos con mil recuerdos frívolos e imágenes peligrosas, o quizá malas, agobiándonos con penosas tentaciones, <strong>en una palabra, turbándonos y agitándonos</strong>; y, tras esto, procura persuadirnos que no tenemos aptitud para la oración, que perdemos el tiempo, que ofendemos a Dios y que valdría más omitirla que hacerla tan mal. Pero ¡ay de nosotros, si nos dejamos engañar! ; cortado el riquísimo venero de las gracias, nuestra alma podría agostarse y morir.</p><h2 id=\"muchas-distracciones-vienen-de-nosotros-mismos\">Muchas distracciones vienen de nosotros mismos</h2><p><b>Distracciones de ligereza.</b> — Si yo doy toda la libertad posible a mis ojos para ver, a mi lengua para hablar y a mis oídos para escuchar, ¿cuántas distracciones no entrarán, como por otras tantas puertas francas, por sentidos tan mal guardados? <strong>¿Cómo será posible domar la imaginación cuando oramos, si en cualquier otra ocasión se cede a sus fantasías?</strong> Si tenemos la desgraciada costumbre de dejar la memoria flotante a merced de sus recuerdos y al espíritu volar como loca mariposa adonde lo lleven sus caprichos, ¿cómo será posible estar así constantemente disipados y recogernos después súbitamente en la oración? En ella recogeremos las distracciones sembradas durante todo el día.</p><p><b>Distracciones de pasión.</b> – El corazón arrastra al espíritu, y nuestros pensamientos van de por sí adonde están nuestras aficiones, antipatías y pasiones. Entre los ímpetus de cólera, de envidia, de animosidad o de cualquier afecto desordenado, el alma no es dueña de sí misma, azotada como está, cual débil barquilla, en mar procelosa.</p><p><b>Distracciones de empleos.</b> – Los estudios, los cargos, el trabajo, sobre todo si nos entregamos a ellos sin medida y con pasión, suelen venir a asediarnos en la calma y reposo de la oración, a veces con una vivacidad y lucidez que no sentimos en el ruido de las ocupaciones.</p><p><b>Distracciones de debilidad.</b> – Es costoso cautivar por largo tiempo el espíritu; las verdades de la fe son sobrenaturales, exigen mil sacrificios, y ofrecen a las veces muy poca suavidad; se necesitaría entonces para doblegar el pensamiento una voluntad muy firme de agradar a Dios y de adelantar en la perfección, y ¡ay, la pobre alma es tan débil…!</p><blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large\"><p>¡Ay de nosotros, si nos dejamos engañar! ; cortado el riquísimo venero de las gracias, nuestra alma podría agostarse y morir.</p></blockquote><p>Cualquiera que sea el origen de la distracción, será culpable si la acepto libremente o si la he consentido en su causa; no culpable, si no he puesto la ocasión, y si, al propio tiempo, cuando me doy cuenta de que mi espíritu se desvía, me esfuerzo en recogerlo.</p><p>Debo, pues, por encima de todo, trabajar con verdadero empeño por <strong>suprimir la causa de las distracciones</strong>, refrenar la imaginación y la memoria, regular según Dios las afecciones, dejar a la entrada del claustro los pensamientos de empleos y negocios, etc.</p><p>Obrando así, por voluntarias que en principio hayan sido las distracciones, dejan de imputárseme desde el momento en que las retracto.</p><p>En cuanto a las distracciones actualmente advertidas, el único remedio es combatirlas. Tres cosas será bueno hacer:</p><p><em><strong>1° Humillarnos delante de Dios</strong>;</em> la humildad es remedio para todos los males.</p><p><strong>2° <em>Traer suavemente el espíritu a Dios y a la oración mil veces si es preciso</em></strong>, despreciando en general la tentación o invocando a Dios con fervor, pero sin turbación ni inquietud; si nos turbamos, removido el fondo del alma, no hacemos más que levantar fango; fuera de que, aun cuando hayamos pasado toda la oración rechazando distracciones, habremos agradado a Dios, como Abraham cuando espantaba las aves de su sacrificio (Gen., XV, 11).</p><p><strong><em> 3° No exponemos a nuevas divagaciones</em> examinando</strong> minuciosamente de dónde nos han venido las distracciones y si hemos consentido en ellas.</p><p>Toda distracción bien combatida, lejos de perjudicarnos, aumenta nuestros méritos y apresura nuestro adelantamiento; ¡de cuántos actos de humildad, de paciencia y de resignación son causa! <strong>Con cada esfuerzo que hacemos para tornar a Dios</strong>, le damos la preferencia sobre los objetos que solicitan nuestro pensamiento, triunfamos del demonio y merecemos para el cielo.</p><h2 id=\"indisposiciones-naturales\">Indisposiciones Naturales</h2><p>Algunas veces, dice <a href=\"https://formacioncatolica.org/san-francisco-de-sales-obispo-doctor/\" class=\"yoast-seo-link\">San Francisco de Sales</a> (Vida devota, 4.a parte, cap. XV.)  «los tedios, esterilidades y sequedades provienen del malestar o de la indisposición corporal, como sucede cuando por los excesivos ayunos, vigilias y trabajos nos encontramos agobiados por el cansancio, el adormecimiento, la pesadez y otros achaques, que, aunque dependen del cuerpo, no dejan de incomodar al espíritu, a causa de la estrecha unión que ambos tienen… <strong>El remedio en estos casos es fortalecer el cuerpo».</strong></p><p>Los Santos, sin embargo, han buscado en las austeridades el fervor y las alegrías de la oración. Lejos de atender al demonio «que se convierte en médico…alega la flaqueza del temperamento y agranda las enfermedades producidas por las observancias» (Hugo de San Víctor, De Claustr., lib. I, cap. II.,) debemos amar nuestras austeridades como voluntad de <a href=\"https://formacioncatolica.org/le-existencia-de-dios/\" class=\"yoast-seo-link\">Dios</a> que son, y guardar nuestras reglas con nimio cuidado, considerándolas como nuestro mejor patrimonio.<strong> Pero puesto que la indiscreción en la penitencia perjudica a la contemplación, si sentimos el cuerpo falto de fuerzas y el espíritu sin vida, descubramos nuestro estado a los superiores, y hagamos lo que nos dijeren</strong>.  En cuanto a las mortificaciones espontáneas, sometámoslas también a su parecer y procuremos que no lleguen a desmoronar la salud, abatir el vigor del espíritu y colmarnos de fatiga y sueño, sin pensamiento ni vida para la oración.</p><p><strong>Las austeridades voluntarias tienen su mérito, pero la oración es tesoro más deseable. </strong>Conservemos fuerzas suficientes para entregarnos a las duras labores de una vida de oración. La contemplación es nuestro objeto principal.</p><h2 id=\"la-falta-de-devocion-del-corazon-y-de-resoluciones-vigorosas\">La falta de devoción del corazón y de resoluciones vigorosas</h2><p>No hablamos ahora de las sequedades, sino de la tibieza de la voluntad, de la pereza espiritual en la oración.<br>Cuesta mucho ambientar al alma en la cuádruple pureza de que hemos hablado y que tan bien dice con la vida de oración. <strong>Y guardar las reglas del silencio, del recogimiento y de las lecturas serias. Y afincar el espíritu en Dios a pesar de las distracciones que nos acosan. Y perseverar en afectos santos, en medio de las sequedades, y exprimir actos y demandas vigorosos de un corazón desolado. </strong>Y, en fin, someterse a la voluntad de Dios, y tomar una resolución que lleve el remedio a la raíz del mal. He ahí por qué se querría y no se quiere. <strong>La negligencia de la vida se ha trocado en disipación del espíritu, enervamiento de la voluntad y tibieza del corazón.</strong> Formados unos cuantos afectos sin convicción y sin alma, con propósitos vagos que no se dirigen a curar mal alguno ni a practicar ninguna virtud, <strong>se tiene prisa en salir de la oración y engolfarse en las ocupaciones dando así al olvido los propósitos apenas formulados.</strong></p><blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large\"><p>La pereza esteriliza la piedad y convierte en peligrosísimo veneno el remedio más excelente.</p></blockquote><p>Y <strong>¿esto es orar? ¡Ay, cuántas oraciones como ésta se necesitarían para convertir un alma!</strong> Mejor dicho, cuantas más oraciones de ésas se hacen, más de prisa se cae en la tibieza. <strong>La pereza esteriliza la piedad y convierte en peligrosísimo veneno el remedio más excelente.</strong><br>   Las personas que así vivan necesitan muy mucho sacudir su entorpecimiento y dar a su oración y a sus obras más vigor, más actividad, más alma y más vida. Ante todo y sobre todo, que oren, que oren sin cesar, que pidan a gritos la devoción, que de por sí nadie tiene; porque es Dios quien hace <strong>«religioso a quien le place, y, si tal hubiese sido su voluntad, nada le hubiera costado convertir a los samaritanos de indevotos en devotos» San Ambrosio</strong>, en <strong>Luc; IX</strong>. Él escuchará con agrado una petición tan de su gusto. Pero estas almas deben además cooperar a la acción divina, no descuidando, con la gracia del Señor, medio alguno de los que se requieren para prepararse a orar y para orar debidamente. <br><br><strong>Es también especialmente necesario comprender a fondo cuánto vale la devoción, medir bien la desgracia de su negligencia y despertar el fervor dormido con el temor, la esperanza y el amor.</strong></p><p><strong><em>Los Caminos de la Oración Mental</em></strong></p>","thumbnail_url":"https://formacioncatolica.org/uploads/images/Distraciones-en-la-oracion.jpg","author":"Dom Vital Lehodey","published_at":"2020-04-22 08:20:53","tags":[{"id":10,"name":"Culto y Espiritualidad","slug":"culto-y-espiritualidad"}]},"message":null}