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El mensaje cristiano es un mensaje de vida y libertad para todo hombre. Ilumina cuál es su destino, dónde está la felicidad y cómo se consigue.

Compendio, números 357 a 369, 389, 422 a 425 y 428

Introducción

El mensaje cristiano es un mensaje de vida y libertad para todo hombre. Ilumina cuál es su destino, dónde está la felicidad y cómo se consigue. ¿Por qué el hombre necesita de la gracia de Dios para ser verdaderamente libre? El cristianismo es una forma de vivir, no un conjunto de normas a cumplir. ¿Por qué se dice que la moral cristiana consiste en vivir en Cristo? ¿En qué se diferencia la moral cristiana de otras morales?

«Para ser libres nos libertó Cristo (…) Habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad para pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”». Gn 5, 1-14

Exposición de la fe

1.     La moral cristiana es vivir en Cristo

Algunos creen que la moral cristiana consiste en un conjunto de prohibiciones. Pero no es así. Para entender lo que es la moral cristiana, hay que fijarse en los títulos de esta parte del Compendio.

Ver el índice y la distribución de los temas. Con un título general para todo esta parte («La vida en Cristo») y dos secciones («La vocación del hombre: la vida en el espíritu» y «Los diez mandamientos»).

El Compendio define la moral cristiana como «La vida en Cristo». No solo imitando a Cristo, sino «en Cristo». Esto se logra con la ayuda del Espíritu Santo. Por eso existe la sección titulada «La vida en el Espíritu»

 (Leer nn. 357 y 428).

Como dice san Pablo, ya no es una vida «según la carne», sino una vida «según el Espíritu». Es decir, según el Espíritu Santo, que es quien nos une a Cristo, para vivir con Él.

Esto exige en el cristiano una conversión, un cambio de vida con el que intenta agradar a Dios, cumplir su voluntad y amar a los demás como Cristo nos ha enseñado. Hace falta la ayuda del Espíritu Santo, que nos da la gracia, las virtudes y los dones. A la vida cristiana también se le puede llamar «vida de la gracia».

(Leer  nn. 422 a 424).

2.    El fin de la vida humana es la bienaventuranza

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, está inclinado y ordenado a la felicidad eterna.

 (Leer nn. 358 y 362).

Para llegar a esa felicidad, hay que seguir el camino de las Bienaventuranzas. Marcan el contraste entre los que quieren vivir «según la carne» y los que viven «según el Espíritu». Los que quieren ser fieles a Dios, a veces, padecen en este mundo, como Jesucristo, pero se les promete la felicidad eterna.

(Leer nn. 359 a 361).

Ver las Bienaventuranzas entre las «Fórmulas de doctrina católica» al final del Compendio.

3.    La libertad humana

Dios ha querido que recorramos libremente el camino que nos lleva a Él. La libertad es un don de Dios. La tiene el hombre por estar creado a su imagen. Permite hacer muchas cosas, pero sólo alcanza su perfección cuando se dirige hacia el bien, hacia Dios.

(Leer n. 363).

Cada hombre es creado libre, por eso tiene derecho al ejercicio de su libertad, que nadie le puede arrebatar. Libremente tiene que dirigirse hacia su fin.

(Leer n. 365).

Porque el hombre es libre, es también responsable de lo que hace. Lo que hace es suyo. Y es culpable cuando obra mal. Hay circunstancias que quitan responsabilidad. Cuanto más voluntario es un acto, más responsabilidad hay.

(Leer nn. 364 y 367).

Las obras buenas se unen al sacrificio de Cristo, adquiriendo así méritos ante Dios que por nuestros propios medios no tendríamos.

(Leer nn. 426 a 427).

Según los fines y los medios que se utilicen para conseguirlos, los actos son moralmente malos o buenos. Hay que tener en cuenta también las circunstancias y el objeto de estos actos. Hay actos que de por sí son moralmente malos.

(Leer nn. 368 y 369).

Con la gracia, es el Espíritu Santo quien nos ayuda a ser verdaderamente libres y obrar siempre hacia el bien. Él nos otorga sus dones y nos concede sus frutos.

(Leer nn. 366, 389, 390 y 425).

Para profundizar

  • Leer en el Catecismo los números 1691-1698.
  • Llevar a la práctica los comportamientos que se derivan de cada una de las Bienaventuranzas: pobreza, misericordia, justicia, trabajo por la paz, limpieza de corazón…
  • Dejarse conducir por el Espíritu en las obras de cada día.

Hablar con Dios

«Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén».

Misal Romano, oración colecta del XXVIII domingo del tiempo ordinario

PREGUNTAS

  • ¿Cómo se puede definir la moral cristiana?
  • ¿Cómo podemos vivir en Cristo?
  • ¿En qué consiste la bienaventuranza?
  • ¿Para qué sirve la libertad?

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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