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En el corazón del hombre existe nostalgia de vida, de felicidad en plenitud, que sólo podrá ser saciado por Dios que no lo ha abandonado.

Compendio, números 1 a 17, 26 a 28  y 30 a 32

Introducción

El hombre, en nuestro mundo occidental, está en el centro de todo, e incluso llega a pensar que es la medida de todo. Sin embargo, ¿por qué se interroga sobre el por qué del dolor, del mal, de la culpa, de la soledad y de la muerte? En su corazón existe nostalgia de vida, de felicidad en plenitud. ¿Puede ser saciado el corazón del hombre?

«Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene sed de ti como tierra reseca, agostada, sin agua». Sal 62, 2

Exposición de la fe

1.     El hombre es capaz de Dios

Dios ha creado al hombre para que participe de su felicidad, y por ello el hombre tiene, en el fondo de su alma, un anhelo de Dios. Se manifiesta en su constante búsqueda de la felicidad y en su deseo de perfección

(Leer nn. 1 y 2 del Compendio, incluido el texto de San Agustín)

Hay huellas de Dios en la belleza de todo lo creado y a través de la Creación podemos llegar a conocer a Dios con nuestra razón, pero no es tarea fácil para el hombre. Por eso Dios ha querido revelarse.

(Leer nn. 3 y 4).

Dios se ha revelado y podemos hablar de Él, aunque nuestras palabras siempre son muy pobres. Dios siempre es más de lo que podemos entender.

 (Leer n. 5).

2.    Cómo ha sido la revelación de Dios

La revelación o manifestación de Dios ha tenido lugar en la historia de la humanidad, con hechos y palabras, a través de varias etapas:

  1. La de los primeros hombres que creó, Adán y Eva, a los que les prometió la salvación después de la caída.
  2. La de Noé, con el que Dios hace una alianza que abarca a todas las naciones y seres vivientes.
  3. La de Abrahán, a quien Dios hizo una promesa de la que surgió el pueblo de Israel.
  4. La de Moisés, con quien hizo la Alianza en el Sinaí y al que dio la Ley de Israel.
  5. La de los Profetas, mediante los que Dios prometió renovar la Alianza.
  6. La del cumplimiento de todas las promesas de Dios en Cristo. Con Él ha llegado la Nueva y Eterna Alianza y la Revelación en plenitud. Nos ha mostrado cómo es Dios y el camino para llegar a nuestro fin.

(Leer nn. 3 a 9).

Las revelaciones privadas no tienen el mismo valor. Han de ser juzgadas por la Iglesia.

(Leer n. 10).

3.    La transmisión de la Revelación

La revelación de Dios llega a nosotros a través de la Tradición Apostólica, que se realiza por la transmisión viva de la Palabra de Dios (llamada simplemente Tradición) y por la Sagrada Escritura , conservadas, ambas, en la Iglesia y transmitidas e interpretadas fielmente por ella a lo largo de los siglos. La Tradición de los Apóstoles contiene todo lo que ellos recibieron de Cristo, aprendieron por la acción e iluminación del Espíritu Santo, se puso por escrito, transmitieron en su predicación y testimonio de vida, en la liturgia y en la ordenación de la vida interna de la Iglesia.

(Leer nn. 11 a 14).

El Señor dio a su Iglesia la misión de transmitir el mensaje de la Revelación. Prometió que la ayudaría para hacerlo con verdad. A la Iglesia le corresponde enseñar e interpretar el mensaje de Jesucristo. Se llama Magisterio a la función de enseñar que tienen los obispos.

(Leer nn. 15 a 17).

4.    La respuesta de la fe

La fe es aceptar la revelación de Dios que nos llega por la Sagrada Escritura y la Tradición viva de la Iglesia. Es la respuesta confiada del hombre a la revelación de Dios.

(Leer nn. 25,27 y 28).

Aunque cada uno personalmente dice “creo”, la fe que se profesa es la fe de toda la Iglesia. Por eso, la fe cristiana se confiesa en común y se resume en el Credo que es nuestro lenguaje común.

(Leer nn. 30 a 32).

Para profundizar

  • Contemplar la primera imagen del Compendio, Icono de Cristo, detrás del Motu Proprio,  y leer su explicación.
  • Meditar el número 26 del Compendio.

Hablar con Dios

Rezar el Acto de fe del Apéndice oracional

«Señor, Dios mío, mi única esperanza, óyeme para que no sucumbe al desaliento y deje de querer buscarte; ansíe siempre tu rostro con ardor. Tú que me hiciste encontrarte, Tú que me diste la esperanza de encontrarte siempre más y más, dame la fuerza para buscarte».

San Agustín.

PREGUNTAS

  • ¿Podemos encontrar a dios con la razón?
  • ¿Por qué Dios se revela?
  • ¿Cuáles son las etapas de la Revelación?
  • ¿Cómo conocemos hoy la revelación de Dios?
  • ¿Qué es la fe?

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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